Acudir a un profesional de la salud cuando algo nos duele o nos hace sentir mal, debería ser algo sencillo. Pero cuando hablamos de salud mental, la cosa cambia.
Decidir empezar terapia no siempre es fácil. Y eso está bien: cada persona tiene sus propios motivos, sus necesidades y sus propios tiempos.
Lo que pasa es que, muchas veces, simplemente no sabemos qué esperar al ir a un psicólogo o cómo es realmente eso de la terapia. Y eso puede generar dudas, miedo o incluso reticencia.
Lo bueno es que, con el tiempo, un proceso terapéutico bien planteado, suele traer alivio.
Poco a poco empiezas a sentirte mejor, a encontrar soluciones, a comprender lo que te pasa… y a recuperar tu bienestar, paso a paso.
No es fácil decidir empezar terapia. Y puede complicarse aún más cuando estamos realmente mal. Porque cuando el malestar es intenso, nuestro cerebro y nuestro sistema nervioso cambian su forma de funcionar.
Ciertas áreas que usamos para pensar con claridad, tomar decisiones o procesar emociones pueden no funcionar del todo como siempre.
Por eso, para algunas personas, decidirse a ir al psicólogo puede llevar meses… incluso años.
Otra razón importante es que no sabemos bien qué nos vamos a encontrar si damos ese paso.
¿Cómo es eso de ir al psicólogo? ¿De qué vamos a hablar? ¿Será raro? ¿Qué pensará la gente si se enteran?
Todas esas dudas son normales, y forman parte del proceso. De hecho, reconocerlas y explorar «sus por qués» suele ser muy útil.
Empezar una psicoterapia no significa tener todas las respuestas de golpe, sino abrir un espacio seguro para explorar lo que nos pasa, con respeto, empatía y comprensión hacia nosotros mismos.
La primera vez que vas a terapia es normal que sientas que es algo extraño, incluso “raro”. Pero esa sensación no tiene tanta relación con lo que la terapia realmente es, sino con la estigmatización social que todavía existe alrededor de la salud mental. El desconocimiento o las ideas equivocadas que todos hemos escuchado alguna vez.
Porque, cuando llegas y entras en consulta, te das cuenta de algo muy simple: no es tan diferente a ir al médico o al fisioterapeuta. Al final, un psicólogo es una persona cuyo trabajo consiste en ayudarte a estar mejor.
Es verdad que la primera sesión puede ser la más incómoda. Pero, poco a poco, en las siguientes, empiezas a sentirte más tranquilo o tranquila y empiezas a estar más cómodo con tu terapeuta.
Y casi sin darte cuenta, vas descubriendo algo importante: que puedes sentirte a gusto y seguro en ese espacio, incluso con alguien que al principio era un desconocido.
A veces pasa algo curioso: aquello de lo que no querías hablar… termina siendo justo de lo más te apetece hablar.
Cuando empiezas una terapia, muchas de esas dudas iniciales poco a poco dejan paso a algo distinto: una cierta sensación de alivio.
Las sesiones van avanzando y, casi sin darte cuenta, tú también.
Aunque la primera pueda sentirse más “rara”, a partir de ahí lo habitual es que empieces a encontrarte cada vez más cómodo con tu psicólogo.
Empieza a haberr sesiones en las que hablas de cosas de las que no pensabas hablar. Aprendes cosas de ti mismo/a, técnicas y herramientas, practicas ejercicios y, poco a poco, vas sintiéndote mejor.
Te das cuenta de que tu psicólogo no está ahí para decirte lo que tienes que hacer ni para juzgar cómo decides vivir tu vida.
Tu psicólogo/a esta ahí para acompañarte en un trocito del camino. Es un colega que tiene un mapa. Puede orientarte, ayudarte a entender por dónde estás y qué opciones tienes… pero el camino lo recorres tú.
Esto puede ayudarte a sentirte más seguro: saber que estás acudiendo a un profesional sanitario, colegiado y habilitado para ejercer.
Si lo necesitas, puedes comprobarlo fácilmente en la web del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid o directamente en consulta, donde debe estar visible la acreditación como centro sanitario otorgada por la Consejería de Sanidad.
Al inicio de la terapia, como ocurre con cualquier profesional de la salud, tu psicólogo va a centrarse en entender bien qué te está pasando.
Por eso, las primeras sesiones suelen dedicarse a realizar una evaluación clínica de lo que pasa. Es una etapa de recogida de información: pueden utilizarse cuestionarios, pruebas o simplemente la conversación para ir comprendiendo lo que ocurre y cómo te está afectando.
Durante este proceso, tú decides cuánto quieres contar y con qué nivel de detalle. No hay prisa ni obligación de hablar de todo desde el primer día.
Se trata, sobre todo, de empezar a poner orden a lo que pasa y de construir una base sólida para poder ayudarte de la mejor manera posible.
Con toda la información recogida durante la evaluación, tu psicólogo irá construyendo una conceptualización clara de lo que te está pasando.
A partir de ahí, podrá establecer un diagnóstico (si lo hay) y, sobre todo, diseñar un plan de trabajo adaptado a ti.
Ese plan no es algo rígido, sino una guía: un conjunto de herramientas, estrategias y pasos pensados para ayudarte a reducir el malestar y avanzar hacia los cambios que quieres conseguir en tu vida.
En terapia, tu psicólogo/a y tú trabajáis juntos.
El objetivo es entender mejor los síntomas: cuándo aparecen, cómo se manifiestan y qué aprendizajes o experiencias están detrás de ellos.
Al comprender lo que sientes, cuándo y cómo ocurre, y cómo tus pensamientos, emociones y comportamientos se relacionan con el malestar, podemos definir objetivos de cambio claros y realistas.
A partir de ahí, exploramos alternativas: practicamos estrategias, recursos y técnicas que te ayuden a gestionar lo que ocurre de manera más efectiva y a sentirte más en control de tu vida.
La psicoterapia es un tratamiento psicológico que tiene un objetivo claro: ayudarte a mejorar tu salud mental y emocional.
En la práctica, esto significa trabajar para generar cambios que te permitan sentirte mejor, gestionar tus emociones de forma más efectiva, afrontar los problemas con más recursos y potenciar tus fortalezas.
Todo esto se hace usando técnicas y estrategias que están avaladas por la investigación científica, es decir, métodos que se ha comprobado que funcionan y que se adaptan a tu situación concreta.
terapia en Canal
Las sesiones de terapia duran aproximadamente 60 minutos.
La frecuencia puede variar. Con el objetivo de adaptarnos a tus necesidades estableceremos qué frecuencia se adapta mejor a lo que necesitas y pautaremos sesiones semanales, quincenales o mensuales.
En función de la valoración del caso, tratamos de encontrar la frecuencia y la regularidad adecuada, en función de las necesidades y la disponibilidad de la persona
La duración total de la terapia es diferente en cada caso, ya que la terapia es un proceso, personal y único de cambio, relacionado con la experiencia personal y subjetiva de decidir cambiar. Por eso, ha de adaptarse a las necesidades de cada persona.
Psicólogos en Madrid-Canal
La relación que estableces con tu psicólogo es un vínculo. Es una relación humana.
Un tipo de relación entre seres humanos, que, si bien tiene particularidades respecto a otras, constituye un vínculo auténtico. Una relación que se organiza en torno a elementos como la empatía, la honestidad o la confianza mutua.
Es posible confiar en tu psicólogo/a, sentirte seguro/a con él o con ella o sentir que ambos os respetáis y sois honestos el uno en el otro.
Sin embargo, es una relación asimétrica, que se organiza en torno a las necesidades de una sola de las partes: la persona que acude a terapia.
Por eso, podríamos decir, que no se trata de una relación mutua y, por tanto, no es una relación de amistad.
Desde que acudes por primera vez, tu psicólogo inicia la primera parte de la terapia, que consiste en determinar y comprender el malestar que te ha hecho decidirte a iniciar una terapia psicológica.
Con toda esta información, se realiza una conceptualización del caso, se elige el tratamiento más adecuado para el problema y se elabora un plan de trabajo estructurado y sistemático, destinado a lograr los objetivos de cambio que queremos conseguir.
Decidiremos juntos, en función de tus necesidades, fortalezas, recursos, objetivos y del problema, cómo vamos a trabajar.
Finalmente concretamos qué técnicas emplearemos y cómo se va a desarrollar el proceso de terapia.
Tendrás, en todo momento, toda la información sobre cómo vamos a trabajar, por qué y para qué vamos a aplicar una u otra. También podrás decidir si crees que esa estrategia puede ser eficaz para ti o prefieres que busquemos alternativas.
Las técnicas, estrategias, procedimientos terapéuticos y herramientas de la terapia, forman parte de una intervención estructurada y global.
La intervención se encuentra siempre centrada en la persona y en sus necesidades. Y cuenta con unos objetivos claros: los cambios que deseas conseguir para estar mejor.
Cuando decidamos que la terapia ha concluido, plantearemos sesiones de seguimiento, cada vez más espaciadas y podrás contar con sesiones puntuales de apoyo.
Estaremos disponibles, si lo necesitas, incluso cuando hayamos finalizado el tratamiento.
Psicólogos en Madrid
Como profesionales sanitarios y como colegiados, el trabajo de los psicólogos está regulado por el Código Deontológico y Ético del Colegio Profesional al que esté adscrito cada profesional.
Este código ético, que regula nuestra profesión, incluye el obligado deber de confidencialidad y secreto profesional, salvo en los supuestos que la Ley contempla como exentos.
Así mismo, en cumplimiento del Reglamento General de Protección de Datos (RGDP) (UE) 2016/ 679 del Parlamento Europeo, los psicólogos tenemos la obligación de tratar y custodiar los datos de carácter personal, de forma que toda la información recabada durante la intervención psicológica sea específica, explícita y legítima, y, se limite a lo necesario para el fin acordado.
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