PSICOLOGÍA DESDE EL APEGO

Apego: La "gasolina" de las relaciones íntimas

¿Qué nos empuja a establecer relaciones de afecto e intimidad con otros?

Si bien, esta pregunta podría plantear muchas otras, como ¿Por qué las apps de citas se multiplican como las setas? o ¿Por qué un «Leído» sin respuesta de nuestro «significant other» puede dejarnos sin dormir?

Probablemente no podemos responderlas sin preguntarnos antes: ¿Qué nos impulsa a vincularnos?

PSICOLOGÍA DESDE EL APEGO

La "gasolina" de las relaciones íntimas.

Nuestro «primer amor» aparece cuando abrimos por primera vez los ojos.

Desde ese momento, toda nuestra vida ocurrirá a través de y sumergida en, relaciones de afecto con otros.

Algunas salvarán enormes distancias que no nos impedirán querer de forma profunda. Otras durarán décadas o incluso toda nuestra vida, pero ¿Qué nos impulsa a establecer estos vínculos tan profundos con otros?

PSICÓLOGOS ESPECIALISTAS EN APEGO

Establecemos relaciones de afecto e intimidad desde que nacemos, porque existe un sistema motivacional básico que nos lleva a hacerlo: el apego.

APEGO

Nuestro primer amor.

Nuestro primer amor es íntimo. Es un amor esencial. Pero no es nuestro primer amor romántico.

Desde que nacemos, empezamos una relación afectiva íntima, profunda y específica con otro ser humano. La mayoría de los bebés la establecerá con más de uno.

Nacemos a un vínculo emocional e íntimo, el que establecemos con las personas que nos cuidan, y que, al menos idealmente, entenderá o sabrá interpretar lo qué necesitamos, aunque aún no podamos usar las palabras.

*La primera necesidad que cubrimos al vincularnos es la de garantizar que, alguien que pueda hacerse cargo, nos ayude a conseguir lo que necesitamos, ya que tardaremos entre uno y dos años, sino más, en manejar el lenguaje con la soltura suficiente para poder comunicar a otros qué nos hace falta.

Un amor en el que se mapea el cerebro.

Al nacer somos completamente dependientes. Necesitamos a otros. Pero no a cualquier otro.

La relación que establecemos con nuestro «humano especial» es única, insustituible y específica.

Ese amor es un vínculo que nos une a otro ser humano desde que nacemos ( a otros, por suerte, porque podemos tener más de un@).

Esa relación puede ser la que tenemos con una madre, con un padre o con una abuela, una mamá o un papá adoptivos o cualquier otro cuidador primario*.

Sea quien sea ese alguien, lo importante es que, desde que huele a ese bebé, lo coge en brazos y escucha su llanto, algo le lleva a comprometerse, sin firmar ningún contrato, a la interdependencia emocional, por un periodo que durará, probablemente, el resto de sus vidas.

Se ha creado un vínculo mediado por el sistema de apego.

Este vínculo se grabará en el cerebro de ambos y hará que reconozcamos a este ser humano entre otros. Este humano, que es el nuestro, no es igual al resto. Este es un vínculo específico y difícil de sustituir.

Y es, dentro de estas relaciones donde aprenderemos todo lo importante. Todo lo que nadie nos enseña de forma explícita, pero que influirá cada una de las relaciones que estableceremos en nuestra vida, incluida la que tenemos con nosotros mismos.

APEGO

El apego nos vincula con un otro insustituible

PSICÓLOGOS ESPECIALISTAS EN APEGO

Esta forma de vincularnos que aprendemos en las relaciones de apego primarias, contiene mucha información básica para la supervivencia en nuestro mundo hiper-social. Esta información será fundamental para establecer relaciones de intimidad adultas.

EL SISTEMA DE APEGO

La motivación del cariño.

El sistema motivacional del "afecto".

Los seres humanos sentimos la necesidad de vincularnos con otros. Lo hacemos sin lenguaje, a través de las emociones, las sensaciones y la empatía.

El sistema de apego es un sistema motivacional. Algo así como un «paquete de conductas» o un «programa básico» que compartimos con todos los miembros de la especie. Este sistema es de los primeros que se activará en el mesencéfalo del bebé, el llamado «cerebro mamífero».

EL SISTEMA DE APEGO

¿Para qué sirve el apego?

El apego motiva a los cuidadores a establecer un vínculo con su bebé y al bebé a vincularse con ellos de forma específica e insustituible.

Los niños reconocen a su cuidador y le prefieren frente a otros adultos que satisfagan sus necesidades de la misma manera.

La investigación muestra que la base de esta capacidad de vincularnos y el tipo de estrategias que utilizaremos, ya está establecida en los primeros 2 años de vida.

EL SISTEMA DE APEGO

¿Por qué existe el apego?

Porque estas relaciones de apego son nuestra mejor apuesta por la supervivencia.

Los vínculos de apego son básicos en la supervivencia de las especies con largos periodos de desarrollo post-natal.

Nos proporcionan seguridad y garantizan – o incrementan – las posibilidades de sobrevivir para las, altamente dependientes, crías humanas.

Los estudios realizados con primates muestran que los vínculos de apego (relaciones madre-cría), se mantienen de por vida.

EL SISTEMA DE APEGO

¿Por qué es importante en la vida adulta?

Desde el apego infantil desarrollaremos un «estilo de apego adulto». Un conjunto de estrategias de vinculación que utilizamos de forma más frecuente y que darán lugar a patrones de vinculación.

Una vez consolidados los aprendizajes que dieron lugar a nuestro «estilo de apego adulto» o a nuestra forma de funcionar en los vínculos, esta será nuestra forma de desenvolvernos en las relaciones íntimas con otros.  

Estos patrones operan en relaciones de intimidad en las que experimentamos alta vulnerabilidad: relaciones de pareja, amistades íntimas y maternidad o paternidad.

PSICÓLOGOS ESPECIALISTAS EN APEGO

Saber más sobre la teoría del apego

El apego es el impulso natural que nos lleva a establecer vínculos profundos con otros seres humano.

La teoría del apego sostiene que los mamíferos estamos naturalmente motivados para establecer relaciones profundas y específicas de afecto con otros.

Y lo que nos lleva a hacerlo es un sistema de conducta que está grabado en nuestro cerebro mamífero por milenios de evolución: el sistema de apego.

Este sistema regula las relaciones de intimidad, cuidado, consuelo y protección.

En el cerebro de los mamíferos está grabada por la evolución una tendencia natural a vincularse.

Podemos entender fácilmente qué es el apego, si nos imaginamos el comienzo de la vida de un pequeño ser humano ( o de otro mamífero).

Al imaginar este momento, es fácil sentir cómo necesitamos vincularnos para conseguir seguridad, cuidado, protección, pero, no sólo, también necesitamos información relevante para la supervivencia, alimento, calor o el conocimiento acumulado por los que vivieron antes que nosotros y que les permitió llegar a reproducirse.

Esto es lo que da sentido al sistema de apego: lo necesitamos para sobrevivir.

Las especies sociales necesitamos «al otro» y por esta razón nuestro cerebro social, nace con la disposición innata a establecer vínculos profundos en los que el afecto y el cariño son elementos esenciales, no accesorios.

Desde la perspectiva de la Teoría del apego, el apego se define como un “sistema de acción” o sistema motivacional, es decir, que el apego es un conjunto de comportamientos [*llamados conductas de apego], que se observan los miembros de una especie y que constituyen una disposición innata que nos impulsa.

La tendencia a vincularnos está en nuestro cerebro, antes de que nadie lo ponga ahí y tiene una función y sentido evolutivos: maximizar nuestras posibilidades de sobrevivir y tener la mejor salud posible.

Estos comportamientos tienen un correlato neurobiológico, que quiere decir que nos comportamos así porque pasan cosas en el cerebro, que hacen posible que estos se produzcan. Es decir, que ante determinados estímulos y situaciones, se activan rutas neurales, que desencadenan la producción hormonas y neurotransmisores y terminan por dar lugar a estados internos y comportamientos observables.

Este “paquete innato” de conductas que nos induce a establecer vínculos emocionales profundos y mediados la empatía, la capacidad de «sentir » a otros, se pone en marcha en el periodo embrionario y se activa en el momento en que nacemos, para garantizar la supervivencia del bebé.

Podemos explicar el apego por su función biológica y evolutiva: ayudarnos a sobrevivir.

La teoría del apego actual mantiene que lo que llamamos apego, comprende un conjuntos de estrategias que hemos aprendido que son eficaces para establecer vínculos íntimos y para desenvolvernos dentro de ellos.

Además es una forma comunicarnos, que da forma al modo en que comunicamos nuestras emociones o las cosas que nos pasan y que se relaciona con nuestra sensación de confianza en los demás o la credibilidad que le damos a la información que nos transmiten, es decir: “lo que confío en los demás” está relacionado con mis experiencias de apego.

Los patrones interno de vinculación son más que lo que hacemos, también son lo que creemos, ya que estos llevan aparejada una forma de entender (*una representación interna) a los demás, a notros mismos y las propias relaciones.

El apego es la forma relaciones con las personas que sentimos íntimas. En estas estas relaciones se modelan circuitos cerebrales esenciales que darán forma a nuestra experiencia vital.

ESPECIALISTAS EN APEGO

John Bowlby:

Un enfoque etológico de la búsqueda de la salud mental de las generaciones futuras.

Durante décadas de investigación John Bowlby trató a descifrar la naturaleza del vínculo entre un niño y las personas que le cuidan, las pautas para una crianza exitosa y las consecuencias del cuidado inadecuado, para la salud mental.

Gracias a las investigaciones sobre apego de John Bowlby o Mary Main, la psiquiatría y la psicología actuales, ya no sostienen que los niños pueden ser separados de sus cuidadores sin consecuencias, mientras se provea para ellos techo y alimento.

Desde el punto de partida que inició Bowlby, se han realizado muchos más estudios e investigaciones.

Gracias a ellos, hoy sabemos que si los vínculos de apego son traumáticos, hay consecuencias. Esto afectará al desarrollo del cerebro infantil y a su salud mental, y por tanto a su vida, como adulto.

Gracias a los estudios actuales, que ya incorporan el diagnóstico por neuroimagen, hoy sabemos que el cerero infantil se adapta funcional y morfológicamente a los cuidados que recibe y a las circunstancias en que estos ocurren, es decir, el cerebro cambia en función de las experiencias de cuidado temprano que vive un niño.

María Picazo

PSICÓLOGA GENERAL SANITARIA

Libros de consulta:

«Una base segura: Aplicaciones clínicas de una teoría del apego», John Bowlby, 1988. Ed. Paidós.