AUTOCUIDADO SANO

Autocuidado sano

Autocuidado sano

¿Qué es y cómo lo aprendemos?

Hablar de «cuidarse» se ha convertido en un tema de lo más popular.

Desde las noticias de Google a la conversación en la máquina del café, el tema de «eso de cuidarse», está siempre rondando. Pero ¿Es suficiente para cuidarse tomar 5 piezas de fruta al día? O hace falta otra cosa y eso del autocuidado sano quiere decir más…

¿En qué consiste exactamente eso del autocuidado y cómo se aprende?

AUTOCUIDADO SANO

¿Qué es el autocuidado?

La definición básica parece de lo más simple: El autocuidado es «eso de cuidarse», pero si lo haces contigo mismo ¿No?

Sí y no. El autocuidado, es también, algo más.

El autocuidado o la forma en la que nos cuidamos en las diferentes áreas de nuestra vida, obedece a un patrón de conducta.

Es decir, que el autocuidado es un conjunto de comportamientos que suelen darse de forma similar. Es, por tanto, estable en el tiempo y consistente entre situaciones.

Cada uno tenemos nuestro «estilo».

Al verlo así, podemos entender que, el autocuidado es el patrón comportamental que comprende las conductas que una persona lleva a cabo con el objetivo de promover o garantizar su bienestar, salud y seguridad y que tendemos a hacerlo de forma parecida a lo largo del tiempo.

Además cómo nos cuidamos,  es mucho más que comer verdura y hacer deporte.

El patrón de autocuidado de una persona se extiende a todas las áreas funcionales en que una persona se desarrolla, es decir que:

El autocuidado es la forma en la que cuidamos de nosotros mismos físicamente, emocionalmente, psicológicamente y en nuestras relaciones.

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"Cuidarnos": Mucho más que vigilar el colesterol.

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Eso de cuidarse bien.

Mucho más que vigilar el colesterol.

Nuestra forma de experimentar el mundo es a través  de nuestra experiencia interna de lo que ocurre a nuestro alrededor.

El mundo que vivimos cada uno es lo que sentimos que es. Es lo que pensamos, lo que creemos, lo que nos preocupa y lo que nos hace sentir.

Sin embargo, de la misma forma que «los peces no saben lo que es el agua», a muchos de nosotros nos cuesta conocer y reconocer esa experiencia. Por ejemplo, notar e identificar las emociones o pensar sobre lo que sentimos, pues no nos sale natural a todos.

Muchos nunca pensamos sobre lo que pensamos (*metacognición) o reflexionamos sobre qué sentimos sobre lo que sentimos (*meta-emoción).

Mucho menos nos damos cuenta de qué hacemos con lo pensamos y sentimos.

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Las emociones son neurobiológicas, la experiencia emocional es social.

¿Cómo se aprende a cuidarse bien por dentro?

Los patrones de autocuidado son aprendidos, no son conductas innatas.

Si bien, las emociones son producto de la activación de determinadas rutas neurales que se excitan o «se encienden» en el cerebro, ante determinados estímulos. La experiencia emocional humana es un fenómeno mucho más complejo que de lo que lo es la activación de un grupo de neuronas.

Ya que, en la forma de experimentar, de dar significado, compartir o comunicar lo que sentimos, entra juego un aspecto inseparable de lo que implica ser humano: la experiencia emocional es también, social.

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¿Qué significa sentir esto?

Aprendiendo a ser humanos: el aprendizaje implícito.

El aprendizaje implícito es todo aquello que aprendemos sin que haya una intención deliberada de enseñárnoslo por parte del grupo social o el modelo del que lo aprendemos.

Desde que nacemos, el cerebro empieza a aprender. Empezamos a asociar unas cosas con otras y a «grabar» en forma de mapas de activación neural, qué nos sirve para sobrevivir o conseguir lo que necesitamos.

A lo largo de nuestro desarrollo necesitamos aprenderlo todo. Muchas veces necesitamos aprender algo más de una vez.

Una parte importante de las cosas que aprendemos, nos las enseña alguien.

Otras trabajamos mucho para aprenderlas y, otras cuantas parece que las hemos sabido siempre.

Esas las que hemos aprendido sin darnos cuenta, la aprendimos de forma implícita. Y en todas estas formas de aprender hay un hilo conductor: otras personas, con otros cerebros. Es un aprendizaje social.

Ya que el aprendizaje humano ocurre, donde vive el ser humano: en su mundo híper-social.

El aprendizaje implícito está en la base de la transmisión de valores, aspectos culturales o usos y costumbres del grupo al que pertenecemos o endogrupo.

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Sin que nadie nos explique explícitamente ideas y formas de ver el mundo, el ser humano "absorbe" de su entorno social creencias básicas, patrones de comportamiento social y relacional así como conductas de emparejamiento.

Si nos detuviéramos aquí, un minuto de sesenta segundos, a pensar:

¿Y yo dónde aprendí las habilidades que necesito para estar bien conmigo mismo? ¿Quién me enseñó qué es ser querido y qué se hace cuando quieres a alguien?

Probablemente llegaríamos a la conclusión de que, salvando alguna «charla» intencional, la mayoría de estas habilidades no son aprendizajes explícitos  y nadie nos los enseñó de forma deliberada.

Lo aprendimos, sobre la marcha.

Algunas personas tuvieron «*modelos» sanos de los que aprender y aprendieron a cuidarse, a interpretar sus emociones o poner límites en las relaciones, imitando lo que hacían otros. Imitaron cómo les cuidaban las personas que les querían o cómo cuidaban y expresaban sus propias emociones. 

Aprendieron por modelado y de forma implícita.

Para otras personas, los modelos de aprendizaje que les rodeaban, quizá tenían  recursos menos sanos para gestionar lo que pasaba en su interior.

Quizá estas personas, desoían sus necesidades, se enfadaban o no sabían muy bien qué hacer con las emociones que sentían y se ponían muy nerviosos ante reacciones emocionales naturales.

Para otros, incluso, hubo más silencio y soledad de lo que les hubiera gustado, y aprendieron un poco, como pudieron, qué hacer con el dolor, las dificultades o el sufrimiento.

Esto que estamos llamando «modelos de cuidado» y que tomamos de nuestro entorno, son las personas, de las que aprendimos.

De los demás aprendemos qué se hace cuando sientes algo, cómo se reacciona cuando uno se enfada o cómo te debes cuidar cuando estás triste o has perdido a alguien.

*El término «modelo» hace referencia al tipo de aprendizaje que se produce cuando aprendemos por imitación o copiado de otra persona. El modelado es una de las principales formas de aprendizaje en los primates superiores.

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¿Cómo se aprende el cuidado?

El cerebro de los mamíferos se desarrolla en las relaciones con otros: es un órgano social que "se cablea" en lo interpersonal.

Aprendemos a ser y somos, en las relaciones con otros.

En estas relaciones desarrollamos creencias sobre nosotros mismos, sobre los demás y sobre el mundo, que están basadas en nuestras experiencias.

Las creencias más básicas y nucleares, se basan en experiencias tempranas.

Basándonos en la recolección que hace nuestro cerebro de nuestras experiencias, creamos una imagen interna del mundo, de los demás y de nosotros mismos.

Y esto se refiere a lo que hemos vivido nosotros y, cómo decíamos al comienzo: vivimos a través de nuestro mundo interno. Nuestro mundo es el que sentimos y pensamos que es.

Y en esa experiencia, adaptándonos al entorno por medio de las emociones, las sensaciones y los recuerdos, se desarrolla y mapea nuestro cerebro. En la experiencia se asocian estímulos y respuestas, a través de la conexión de unas neuronas con otras. 

Nuestras creencias sobre nosotros y sobre el mundo, están basadas en las sensaciones que experimentamos en nuestras experiencias tempranas.

Es decir, que para cuando el niño sea capaz de contar historias, muchos aprendizajes básicos ya estarán consolidados.

La imagen interna del mundo la construimos en la primera infancia. ¿Y dónde estamos en la primera infancia? En las relaciones de cuidado primarias: las relaciones de apego.

Un cuidado cálido, cariñoso y empático, activará el sistema de cuidado en el cerebro del niño, dándole la oportunidad a su sistema nervioso de crear y fortalecer, mediante su activación repetida, rutas neurales cuya activación proporciona sensaciones placenteras y de seguridad. 

En esta seguridad, el niño puede sentirse y verse como valioso y capaz de explorar, en un mundo que es predecible bajo el cuidado de otros, que le quieren y le sienten.

Según crezca, desarrollará una representación interna de quién es él o ella y de cómo de seguros son el mundo y los demás.

Internalizará estrategias de cuidado y, con los años, empezará a cuidarse por sí mismo, siguiendo los patrones comportamentales basados en esas experiencia.

Estos patrones de activación neural que reciben estimulación recurrente y se activan muchas veces a la vez, darán lugar a su personalidad, convirtiéndose en patrones estables de respuesta, tanto interna (cómo sentimos, experimentamos e interpretamos las situaciones) como externa (cómo respondemos y gestionamos lo que nos ocurre).

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Querer es un verbo, que se aprende en voz pasiva.

A querer no aprendemos queriendo. Aprendemos, siendo queridos.

El cerebro humano es un órgano social. Sus circuitos neurales se desarrollan en el marco de la conexión social con otros. Nuestras relaciones dejan grabada una profunda huella en nuestro cerebro y en nuestro sistema nervioso.

A relacionarnos aprendemos en las relaciones. A querer en las relaciones de cuidado, consuelo e intimidad.

Nos guardamos dentro como fuimos querido y lo repetimos: Aprendemos a querernos a nosotros mismos y a cuidarnos a partir de la acción de cuidado y el cariño de otros.

Lo que sentimos en las relaciones de apego se graba en nuestro cerebro. Hacemos nuestro el cariño lo que hemos recibido y lo reproducimos.

Así, desarrollamos nuestra primera «sensación» de nosotros mismos. De la que se derivarán creencias nucleares sobre qué y quienes somos, qué lugar ocupamos en el mundo y cómo podemos relacionarnos con el mundo y con los demás.

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Aprendemos a "querernos" de las personas que nos quisieron. Y cuidamos, aquello que apreciamos y queremos. Por eso, el autocuidado sano pasa por una relación de afecto, llena de sensaciones cálidas y experiencias positivas, con uno mismo.

Libros de consulta:

«Condenados a entendernos: La interdependencia o el arte de mantener relaciones sanas», Arun Mansukhani, 2023, Ed. B.

«Instalando patrones de autocuidado sanos en el TLP», Mosquera y González, 2014, Capítulo 8, «Trastorno límite de la personalidad y EMDR». Ed. Pléyades.

María Picazo

PSICÓLOGA GENERAL SANITARIA